|
1500
SEPTIEMBRE 20, 2024
Hace algún tiempo existió una versión de mi que era completamente diferente al resto de mis personalidades, ese lado de mi identidad no tenía miedo de expresar sus sentimientos, no tenía miedo de compartir su tiempo, espacio e ideología con alguien más; ese misterioso ser estaba tan seguro de que ella era la indicada que se atrevió a decir las dos palabras que todos pensamos que nunca ibamos a decir y lo fantástico fue que
esas cinco letras estaban cargadas de un sentimiento incomparable, irrepetible y tan auténtico que todos los minutos que pasamos juntos fueron realmente mágicos y vivirán en nuestra memoria para siempre.
Últimamente me cuesta trabajo entender que estamos en el 2024, el tiempo está pasando demasiado rápido, hay ocasiones en las que hago una pausa en mi día para voltear a mi alrededor y por más que me esfuerzo en entender donde estoy no reconozco mi entorno; y es que a pesar de todo lo que he vivido y todos los lugares en donde he estado una parte de mi cree que es el 2020 y Samm aun está junto a mi.
También hay veces en las que me siento tan abrumado con el presente que me alejo de todo y trato de poner mi mente en blanco para meditar; cierro los ojos pero mis pensamientos resultan ser sumamente confusos al punto que siento que al volver a abrirlos voy a estar en ese frio y obscuro lugar donde todo terminó.
Hoy se cumplen mil quinientos días desde la última vez que la tuve frente a mi, han pasado treinta y seis mil horas del último abrazo que nos dimos, ese abrazo que mientras ocurría deseaba que durara para siempre pero que terminó casi tan pronto como inició, recuerdo que cuando nuestras miradas se encontraron por última vez en esa fria tarde de Agosto pude ver en sus hermosos ojos que ya nada volvería a ser igual.
Ese día en la mañana mientras empacaba mis cosas y tratábamos de ser positivos respecto a lo que se venía ella no paraba de decir que nuestra separación sería temporal, quiza intentaba convencerse a si misma mientras trataba de convencerme a mi, pero algo dentro de mi ser me dijo desde el primer instante que ese era el final.
Para ese momento ya habían pasado casi tres días desde la noche en que perdimos el control y yo estaba como en el limbo, ya no estaba seguro de nada, quería estar cerca de ella pero al mismo tiempo no podía esperar para irme de ahí, mi mente decía que quería seguir pero mi corazón solo quería parar; si de algo estaba seguro era que todo podía salir muy mal si no cambiábamos algo inmediatamente. Era un hecho que no estábamos donde queríamos estar y
la falta de oportunidades para desarrollarnos que traía consigo la pandemia nos había detenido en nuestros planes de crecimiento personal, profesional y espiritual; irónicamente eso era algo que nos había permitido seguir juntos todo ese tiempo porque a pesar de que eramos dos personas similares en cuanto a ideologías y gustos nuestros backgrounds eran muy diferentes.
Desde que nos conocimos estaba claro que nuestros caminos se habían encontrado por una situación extraordinaria, el destino nos hizo coincidir en un ambiente que planteaba circustancias en las que normalmente no estaríamos, sobre todo ella, una estudiante de microbiología que por razones fuera de su control había tenido que abandonar temporalmente los estudios viendose obligada a
encontrar un trabajo que le permitiera ganar dinero suficiente para sobrevivir en este mundo capitalista; y por el otro lado yo, que seguía en esa compañia por el simple hecho de que me habían dado un puesto donde podía ganar mucho dinero inmediatamente y que acepté a pesar de que no me permitiría conseguir el crecimiento que tanto buscaba.
Durante mucho tiempo pasé gran parte de mis días pensando en que deberíamos volver, soñándo con volverla a ver y tenerla entre mis brazos, pensaba que quizá podríamos continuar con la historía que fue truncada en Atarasquillo y que brevemente dió muestras de vida cuando yo estaba en Culiacán; fueron noches llenas de anhelo por tener a quien considero el amor de mi vida a mi lado una vez más, crecer juntos, lograr un monton de cosas y recorrer el mundo por el resto de nuestras vidas. En algún momento, no se exactamente cuándo, me di cuenta de que
no va a suceder, nuestros caminos no se volverán a encontrar simplemente porque nuestro futuro no tiene el mismo destino.
Se muy bien que su vida es la ciencia y sus estudios y que cuando acabe la escuela va a ser una especialista destacada en su área, logrará tanto que algún día veré su nombre escrito entre los científicos más importantes de la nación y la admiración que siempre he sentido por ella será aun mayor. Le tengo tanto cariño que nunca me hubiera atrevido a pedirle que abandonara ese camino para estar a mi lado porque como ha quedado asentado en estos últimos 4 años mi carrera me puede llevar a cualquier lado y además de saber que ella dificilmente dejaría todo para ir
conmigo sencillamente nunca le hubiera pedido que dejara de perseguir sus sueños.
A veces me da curiosidad de saber quién es ahora, que tipo de ambientes y personas frecuenta, que le gusta y que le disgusta porque si algo se es que así como yo ella ha cambiado y no solo en la forma de ver el mundo sino en la manera en que nos enfrentamos a él; entiendo que las probabilidades de que nos volvamos a encontrar y volvamos a hablar son prácticamente nulas y he aprendido a aceptar que eso está bien, se que no puedo forzar al universo a reunirnos y que aunque se lograra lo más probable es que ella no quiera saber de mi.
También se que es probable que no nos reconozcamos si nos llegamos a cruzar en la calle, pero eso es normal porque además de los obvios cambios físicos nuestras miradas no son las mismas y si acaso llegaran a encontrarse en una calle muy transitada no encontraríamos en nuestros ojos ese horgar que llegamos a crear hace ya tanto tiempo.
Debo ser sincero y aceptar que hay veces en las que cuando cierro los ojos aun la alcanzo a ver, veo su largo cabello y su pálida piel, distingo el brillo que hace tan distintivos sus ojos de miel; aveces percibo un olor a vainilla a mi alrededor y entre el caos que reina en mi mente puedo escuchar su dulce voz, su tono es tan diferente cuando me habla a mi que cuando se dirige a otras personas, incluso de vez en cuando escucho su peculiar estornudo si el entorno es lo suficientemente silencioso;
siento cierta alegría al tener todos esos recuerdos en mi mente. Solo me queda desear que Samm sea muy feliz y esté logrando todas las metas que se ha propuesto, lo tiene bien merecido.
|
Cree un sitio web gratuito con Yola